bajamos juntos las escaleras de caracol bromeando de lo usual al principio, luego conversando de lo importante y en los últimos escalones no podemos evitar autodisiplinarnos por haber gozado el privilegio de reír. recuperamos la seriedad.
llegamos al piso ultimo y verificamos si queda algo sin decir. con el tiempo aprendimos a aprovechar el decenso.
estamos en el corredor, la noche se asoma por la puerta cristal. ahora, decididos como si estuvieramos armados hasta los dientes, alguien toma la iniciativa, abre la puerta y salimos:
--adiós camarada!--
se desencadenan las despedidas, aveces de mano o aveces de manera informal.
--adiós camarada--
--hasta pronto--
--adios camarada--
--hasta pronto--
cada despedida es un "¡hasta la victoria siempre!" , "¡adelante!", "¡animo! ¡venceremos!", "¡revolución!".
aunque no es prohibido, siempre permanecen los sentimientos por debajo de nuestras vidas,solo asi, sabemos es como podemos ser obejetivos, hacer lo contrario es una completa barbarie.
nos esparcimos en diferentes direcciones, com si se tratara de una maniobra militar, y despues de unos metros ya no nos vemos, ni miramos atras. com si no hubieramos venido de ese lugar.
después de unas cuadras automaticamente te confundes con la poca gente que todavía anda por las calles de la ciudad.
no se que cosa particular agan los demas al momento de regresar a la cotidianidad. yo enciendo un cigarrillo y me pongo a pensar en mis nuevas tareas, en mis nueva misiones, en completarlas, ver las cosas avanzar y confio en que ellos , mis hermanos, estan pensando en lo mismo.
octubre 10, 2008
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